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jueves, 4 de junio de 2020

El hombre

Cuando el hombre se siente mal, es cuando el hombre mejor escribe. Y no por el motivo que el público suspira, en realidad, el hombre, este ilustre hombre literato, solo se atreve a coger el lápiz estando mal.                                                                                
                                                                                                                                (Angel O.) 
 

lunes, 2 de marzo de 2020

Vivir con Lazarillo




Ni el nudo argumental, según yo, justifica lo hermoso del paisaje donde se refugia esta obra. Es suficiente con observar, aun sin mucho detenimiento, las puertas de las ilustraciones para caer en cuenta de que poseen un olor tan satisfactorio, tan medieval, que pocos se resistirían a abrirlas parar recorrer el interior de las acogedores casitas, probar la vestimenta que los personajes visten... experimentar el acercamiento medieval que se respira en las páginas y que, seguramente, se ha conservado, fresco y seguro, desde aquella época en que fue escrito, hasta la actualidad.

A veces quisiera saltar hacía allí adentro (convirtiéndome antes, claro, en una caricatura que va a juego con las ilustraciones) y explorar y explorar sin reparo alguno. Ignorar a Lazarillo y a sus desgraciados amos y sencillamente perderme entre el gentío del pueblo.



-Aolid

sábado, 22 de febrero de 2020

La desgracia del profesor de física

Hace algunos años un profesor de física elemental con la natural curiosidad que a menudo, y sin intención alguna, por supuesto, causo en las personas que me conocen mas bien poco, me preguntó: «¿Qué estudiarás cuando acabes?», refiriéndose a mi ultimo año de secundaria.
En ese momento me encontraba sentado frente a él en un pequeño salón vacacional, rendía entonces un examen de recuperación por haber reprobado dicha materia.
 Letras—, le contesté casi de manera inmediata y con un volumen de voz bastante elevado, sin siquiera haberme puesto seriamente a pensarlo en alguna ocasión anterior.
Ahora, aunque mi explicación popular del porqué de mi vocación halla sido ensalzada por mi natural talento para no aburrirme tecleando, en realidad, esta particular anécdota es la causa real de letrismo.

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