Hace algunos años un profesor de física elemental —con la natural curiosidad que a menudo, y sin intención alguna, por supuesto, causo en las personas que me conocen mas bien poco—, me preguntó: «¿Qué estudiarás cuando acabes?», refiriéndose a mi ultimo año de secundaria.
En ese momento me encontraba sentado frente a él en un pequeño salón vacacional, rendía entonces un examen de recuperación por haber reprobado dicha materia.
—Letras—, le contesté casi de manera inmediata y con un volumen de voz bastante elevado, sin siquiera haberme puesto seriamente a pensarlo en alguna ocasión anterior.
Ahora, aunque mi explicación popular del porqué de mi vocación halla sido ensalzada por mi natural talento para no aburrirme tecleando, en realidad, esta particular anécdota es la causa real de letrismo.