sábado, 17 de agosto de 2019

Picozapato y la bruja de cristal

Hay una bruja de cristal meneando su cucharón en un gran caldero de
aluminio y vidrio percudido. Revolcaba la paleta dentro de una extraña mezcla
viscosa que, de cuando en cuando, salpicaba a borbotones hasta el suelo terroso
del recinto. La bruja procedió entusiasmada. Hacía más de media velada que
contemplaba su obra con excitación, sintiéndose cada vez más orgullosa del
ánimo invertido en la poción que a ratos se mezclaba con las gotas del
sudor fugitivo de su rostro caucásico, mohoso, idealmente portador de esa
sonrisa amarillenta que soltaba al ojear a la cocción. Mientras tanto, en el rincón
derecho, bajo la segunda mesilla de pociones, un gato blanco de la costa sur del
país, la observaba temeroso.

viernes, 16 de agosto de 2019

Microcuentos: Clima | Aires | Gallos

Gallos

Había veintitrés gallos en el criadero. Cacareaban y cacareaban y no cesaron sus 
cánticos hasta que, de pronto, un pitido extraño los detuvo. Entonces, el hombre tras la pared, quien estaba de oyente de los gallos y lector frustrado de libros, no pudo evitar soltar un largo y profundo cacareo final. 




Clima 

Salió de su casa con la esperanza de que su abrigo le bastaría para sobrevivir al panorama glacial que la cuidad presumía esa mañana de agosto. Cuando finalmente dio un par de pasos sobre la acera, notó que aquel paisaje antártico que creyó ver por la ventana no se trataría más que de un suspiro de frescura, un soplo ventoso del cielo que anunciaría, con cierta calidez, sus últimas horas en el mundo.




Aires 

La dama me miró aterrada. Con un impulso de coraje, sujetó firme la manecilla, como si de esta dependiera su salvación, y la llevó hasta atrás, dejándome ante una puerta de madera vieja y pestilente. Entonces, respiré el ambiente que se había formado segundos después de su actuación, noté el movimiento de la puerta y su brisa de olor nicotínico, caótico, y el abrumador olor de la pintura húmeda con el cóctel de polvo y saliva me invitó a atravesar la puerta. Respiré todos los aromas que la dama me había podido regalar. Entonces, sentí el pesar, pues la ella jamás volvería a salir de la habitación, pero yo volvería a respirar esos aires millones de veces más.





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