sábado, 21 de marzo de 2020

Cuentos malos para chicos especiales

Participación única de @elgatoyalicia.blogspot.com (A.O.O.P)

El Duende de Sarmiento

Capítulo V. El duende de Sarmiento (borrador)


Hace ya un tiempo, en la provincia de Sarmiento en el país Caraluna, existió un joven duende cuyo nombre, por desgracia, jamás se llegó a conocer. No fue rescatado en ningún libro de la historia de la hechicería, al menos no en uno que haya salido a la luz hasta el momento. Únicamente, este joven ser, fue y será recordado porque su risa, al igual que este cuento, es lo más inquietare de este libro.

Después de la guerra donde el valiente Don Santo Rey de Aragón acabó con la vida de su esposa  (la fea y malvada Reina Orca de Aragón), se vivió un periodo feliz para el reino duende. Una época libre de opresiones y maltratos, pero a su vez —y porque nada puede ser tan bueno como sí malo—, tal guerra trajo un sinfín de pérdidas a la economía de la provincia, sobre todo porque miles de monedas de oro y joyas de bronce  fueron sancochadas en el incendio del palacio del Rey Santo. Pronto comenzaría una era de hambre y desempleo que no acabaría hasta el año 901, año en que, por cierto, sería la muerte de Don Santo Rey de Aragón. El duendecillo de Sarmiento tuvo la valentía de nacer en el pleno seno de aquella crisis llena de hambre y desesperación.


Por supuesto la situación laboral era mas bien dificil. No había queso ni manera  de volar al mundo humano para robar monedas, tampoco había energía en las piernecillas de los pequeños duendes para correr en las calles. El duende de Sarmiento vivió —según se conoce— en una humilde choza justo al final del vecindario último. Su madre, una conocida panadera retirada , y su padre; quizás el mejor geólogo de la región llevaban poco más de siete años en bancarrota. Ahora, su padre pasaba el día entero en el taller de las rocas y su madre cada vez le prestaba menos atención a las preguntas del pequeño. Poco tardaremos en darnose cuenta de que nada hacía sentir feliz a Sarmiento.  Ni sus juguetes ni sus rocas. Sarmiento era quizá el niño más triste del vecindario, pasaba las tardes en el patio trasero de su choza 


Continúa...



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