Patricia en el país de las mentiras
La vida y muerte de Patricia se puede dramatizar como una vieja toalla de baño en la que, cada mancha de suciedad, representa una farsa. Por un lado, su padre; un portero fortachón de una prestigiosa empresa de seguridad, a la edad de cuarentaiséis años, poco años después de abandonar a Patricia y perder su empleo, se arrojó al pecado carnal convirtiéndose rápidamente en un travesti que se ganaba la vida coqueteando con los borrachines de las cantinas. Por otro lado, su madre, —en paz descanse—, será por siempre recordada como la aguerrida paneslavista cuyo pasatiempo sería vender decenas de esclavos a los corruptos burgueses que accedieran a sus negociaciones, muerta sería tras ser descubierta por el mismo pueblo al que juraba defender. Su tía materna, quien por cierto fue quien atendió a Patricia desde su nacimiento, fue una extraña mujer: astróloga; -en pocas palabras-, y, su esposo, un médico con título dudoso, que se encargó de defender profundamente a la histeria como una patología real. El abuelo de Patricia, Raúl, un escuálido hombrecillo que, a pesar de presumir muchísimas cicatrices, jamás fue a la guerra como se lo habría contado a Patricia y a todo aquel con quien soltaba palabra, en realidad, nació así, arrugado y paralítico gracias a una enfermedad que, debido a la época y la escasa economía de la familia, no se pudo diagnosticar. De su abuela no se habló más que en estas escrituras, sencilla, tierna y vivaz y religiosa.
De haber vivido más, la pequeña Patricia nunca habría sabido en quién
confiar, ni qué preguntas hacer. Por infortunio o quizá piedad divina, a la
edad de dos años. Patricia moriría entre los dientes de un pequeño perrito que
trató de acariciar en su jardín.
@elgatode_alicia
Relatos Absurdos Categoría inédita 2018
1er puesto: Relato Tragedia Corta (7Ensayos).

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Agregar